Abel usó la espada en Pichincha y Ayacucho

Néstor Rivero Pérez
nestor5030@gmail.com

El 3de febrero de 1795 nació en la ciudad de Cumaná Antonio José de Sucre, quien al lado del Libertador Simón Bolívar es figura cimera de la gesta emancipadora continental, al colocar su nombre en las cúspides del Pichincha y Ayacucho. La amistad que le profesó el Libertador se expresa en la pequeña biografía con que le tributó, si se permite una paráfrasis a la célebre expresión del Libertador en su Resumen sucinto de la vida del general Sucre.

Su aprendizaje

Habiendo cursado estudios de matemáticas e ingeniería durante su adolescencia, integró en 1809 el cuerpo de cadetes de Húsares Nobles, formado en su ciudad natal por el gobernador Manuel de Cagigal y Niño. Entre 1811 y 1812, con dieciséis años, sirve a las órdenes del Generalísimo Francisco de Miranda, y presencia como su edecán, algunas de las escenas trascendentales de la Primera República, tanto en Caracas como en La Guaira y Cumaná. A comienzos de 1813 secunda a Santiago Mariño en la Expedición de Chacachacare y en la Campaña de Oriente, que en ese año liberta del poder español las provincias de dicha región del país e isla de Margarita. Como edecán de Mariño el joven Sucre presencia el encuentro entre el caudillo margariteño y el Libertador en La Victoria, en marzo de 1814.

Sucre acompaña la Expedición de Los Cayos y entre 1816 y 1817 combate en la región oriental de Venezuela. Desde el arribo del Libertador a Guayana se coloca de su parte en las luchas intestinas que se suscitaron durante el período, sin perder nunca la elevación de carácter que le permitía hacer congeniar las voluntades más díscolas.

Salto a la gloria

Antonio José de Sucre se constituyó a partir de 1819 en el factor más importante de la estrategia de liberación continental formulada por Simón Bolívar. Confiando en los talentos de Sucre, el Libertador le delegó una suma de facultades en el campo militar y de la política, como no lo haría en su vida pública con ningún otro héroe de la independencia. Así, desde 1818 le confió la responsabilidad de jefe del Estado Mayor en el oriente del país. Meses después, en Angostura, le comisionó para la adquisición de armamento en las islas del Caribe.

Y cuando aún no se decidía la suerte de Venezuela, meses antes de la Batalla de Carabobo, Bolívar le confía a Sucre la jefatura del Ejército Libertador que estaba abriendo el frente de guerra al sur de Nueva Granada y el Ecuador. Su desempeño inmejorable en este tiempo, le confirmó como la persona que en ausencia de Bolívar, comandaría las fuerzas grancolombianas que combatirían en Perú y que obtendrían de la mano del héroe cumanés, la victoria final de Ayacucho, el 7 de diciembre de 1824.

Legado

Una existencia que desde temprano se caracterizó por el cultivo del ingenio, la mesura en el trato con los demás y alto vuelo a la hora de formular o secundar grandes concepciones como estadista y guerrero, debió concitar admiración y liderazgo en sus soldados, quienes constataban diariamente cómo Sucre, al igual que por años hizo el Libertador, compartía con el raso -en medio de las recias campañas que se ejecutaban con extremas penurias-, una magra ración diaria de carne asada sin sal ni pan, como lo recuerda Vicente Lecuna (Crónica razonada de las guerras de Bolívar, tomo II).

Prodigios homéricos

“Él era el azote del desorden y, sin embargo, el amigo de todos (…) El general Sucre quedaba en la tempestad semejante a una roca, combatida por las olas, clavados los ojos en su patria (…) Pichincha consumó la obra de su celo, de su sagacidad y de su valor (…)  Ayacucho, semejante a Waterloo, que decidió del destino de Europa, ha fijado la suerte de las naciones americanas (…) El general Sucre es el padre de Ayacucho (Simón Bolívar: Resumen sucinto de la vida del general Sucre, Lima, 1825).

Sinóptico

1468

Guttemberg y la imprenta

El 3 de febrero de 1468 falleció en Maguncia (Alemania) Johan Guttemberg, quien ha pasado a la historia como inventor de la imprenta.

Esta innovación resultó portentosa a los efectos de facilitar el acceso a la información y el conocimiento escrito.

El salto de imprentas de madera, barro cocido o porcelana de origen chino, a los tipos móviles de estaño y aleaciones de metal, constituyó un proceso de varios siglos. Y dicho proceso procedente del Lejano Oriente refluyó en la cuenca del Mediterráneo. Y de tal transferencia tecnológica se hizo eco la mente de Johan Guttemberg, sin duda.

Guttemberg, conjugando innovaciones que se venían afirmando desde la antigüedad, tanto la reproducción en serie, el papel como soporte de la impresión y la gran innovación de metal como material-base de los caracteres móviles, consagró el invento de la imprenta moderna.

Y si bien la magna innovación terminó llevándole a la ruina, por cuanto no logró completar los fondos necesarios para concluir la impresión de 150 ejemplares de La Biblia -primer libro que se publicó utilizando el moderno artificio-, sí alcanzó a incrustar su nombre en la historia para siempre.

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