Dientes para el desprestigio en un mercado

“Yo no pertenezco a la clase social de seres que le temen al pueblo. El pueblo, y no los ricos, es nuestro apoyo en la lucha permanente por la libertad”. Thomas Jefferson.

(Bolívar, Quijote de América, Antología de Ensayos)

Pedro Estacio

@urgentess

Lo que expresaba tiempo atrás el fraile vasco Hipólito Larrakoetzca, de que “ocurre lo que decía San Agustín: Los grandes Estados no son sino grandes rapiñas”, pareciera marcar estos días modernos, caracterizados por el desastrosamente cruel modelo de vida comercial que ha estado arropando al mundo actual.

Hoy lo vemos en el mundo de la salud, comercialmente etiquetado por las corporaciones que promueven con filosos dientes las ventajas de algunas vacunas, las cuales serían efectivas contra el virus del Covid-19, el mismo que asume diferentes trajes como si disfrutara de los días del Carnaval, con las tan comentadas y promovidas cepas, unas más virulentas que otras.

Frente a nuestros ojos aflora un dinámico mercado de vacunas, donde las ventas se mueven  muy promovidas con tremendas herramientas, en donde la mentira parece ser el primer ingrediente y en las que corporaciones transnacionales mercadean y venden los más variados elementos del sector de la salud para que las naciones afectadas y compradoras puedan enfrentar la terrible pandemia que entre sus haberes ya tiene una cifra superior a los 2 millones de personas fallecidas y otros millones de seres contagiados.  

Los campos en donde algunas empresas del sector salud han estado batallando para llevar sus productos al pináculo de las ventas, han sido los medios de comunicación, siendo el escenario más agresivo el de las redes, pues al no existir en ellas ningún tipo de muro de contención a las irrealidades, pues sirven de teatro amplio para desacreditar al que sea considerado adversario, ese alguien que ponga en peligro las jugosas ventas. Y la cuestión ha sido tan activa, tan dinámica, que ha generado cualquier acción en el mundo de la consecución de las mejores condiciones.

La ciudadanía mundial ha podido apreciar el ajetreo de la piratería entre unos y otros;  gobiernos que ponen en práctica su vieja metodología de quitarle las mercancías a otros, sin pena ni vergüenza, así como la postura de personajes ricos o millonarios que ofrecen miles de dólares por vacunarse primero que quienes viven sumidos en la pobreza; gobernantes que dicen carecer de dinero para adquirir las medicinas y envuelven sus almas en créditos ante organismos internacionales, deudas que descansarán -como siempre- sobre los hombros de las poblaciones. 

Hay mucha actividad sobre el tema en cuestión, pero lo cierto de todo es que en el fondo lo que hay es la vieja lucha que ya Jesús, el primer socialista del mundo (como decía Hugo Chávez), veía entre ricos y poderosos señores y los que carecían hasta de comida. Es la actual realidad del viejo modelo capitalista y el modelo de la solidaridad social.    

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