Psic. Ylenia Estrada
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Se dice que el sentido común es el menos común de los sentidos y, si nos remitimos al concepto de alienación resulta comprensible que la sabiduría popular haga tal afirmación. Cuando se está consciente es fácil identificar al alienado, aun cuando no toda la población tenga en sí el nivel deseado.
Definida esta como falsa conciencia, producto de la manipulación psicológica que nos lleva a reconocer como propias, ideas, valores e intereses de una clase social diferente a la nuestra. Siendo así, la alienación se hace colectiva y se naturaliza, porque la vemos repetida por todas partes, como si fueran espejos en los pasillos del laberinto de Creta.
La capacidad de analizar detalladamente la información que se tiene sobre un tema para crear un pensamiento nuevo con criterio propio o pensamiento crítico, será un arma certera aunado al celular, equivalente a un AT.4, arma de guerra de nuestra Fuerza Armada,como bien lo define el periodista Ignacio Ramonet, de uso muy versátil que puede ser usado contra un grupo o una persona, e incluso contra tanques o edificaciones; un dispositivo de uso difundido en la mayor parte de la población, se convierte en la principal arma para la defensa integral de la nación, e inclusive para la personal, en estos tiempos de guerra total, ya que la tecnología actual nos permite disponer de un pequeño objeto dotado de cámara de video y de fotografía, entre otras maravillas, con posibilidad de hacer transmisión de datos en tiempo real, de textos y audios que en fracción de segundos pueden darle la vuelta al mundo. Ellos –el capitalismo imperial- han usado los medios de comunicación y la tecnología, como armas de destrucción masiva, al controlar las mentes y generar desmovilización; nosotros las estamos usando para la reconstrucción de lo psicosocial, lo político y lo ideológico, para lograr una nueva humanidad, no alienada. Un arma deconstrucción masiva en la que el ciudadano común es protagonista.
Vamos por un nuevo mundo, donde el placer sea prioritariamente “goce espiritual”, profundamente humano; no descartamos el disfrute del placer a través de lo material, de lo sensorial, será dar rienda suelta a la danza, la poesía, la música y todas las manifestaciones culturales que nos llenan el alma, aceleran el pulso y entrecortan la respiración; seremos más contemplativos, diletantes de la naturaleza y sus maravillas. Nos referimos a eso que nos estaba negado, a las manifestaciones propias de nuestro pueblo, núcleo de origen de nuestra identidad y arraigo nacional, había una división grotesca entre “lo popular” que era considerado inferior a “lo culto”, a lo que solo se podía acceder a elevados precios y lugares casi exclusivos por sus precios prohibitivos.
