Mark Esper, el armamentista que quiere mover barcos contra Venezuela

Yuleidys Hernández Toledo

Mark Esper, quien desde julio de 2019 se desempeña como secretario de Defensa de Estados Unidos, es un excontratista del Pentágono, que el miércoles 1° de abril, tras acusar al gobierno constitucional de Nicolás Maduro de tener supuestos vínculos con el narcotráfico, junto al mandatario estadounidense Donald Trump, avaló el envío de buques cerca de las costas venezolanas para realizar tareas de «vigilancia» en la supuesta lucha de su país contra las drogas, que se le olvidó mencionar viene de Colombia.

Esper es un militar estadounidense graduado en la Academia West Point, que participó en la Primera Guerra  del Golfo (1990-1991) como oficial de Infantería. De acuerdo con medios internacionales, sus acciones en el frente le llevaron a ser condecorado con una Estrella de Bronce y con una Legión del Mérito.

Esta intervención a la que EEUU y sus aliados le dieron por nombre “Operación Tormenta del Desierto”, inició con una mentira contada por una supuesta joven kuwaití, de nombre Nariyah, quien aseguraba que soldados iraquíes agarraron las incubadoras y dejaron a los niños muriendo en el suelo frío. Una historia que repitió el entonces presidente George Bush padre, en diversas oportunidades, para lanzar su ataque contra el presidente iraquí Saddam Husein.


Junto a Trump, profirió infamias contra el país. Foto Internet

Después del ataque se descubrió que Nariyah era la hija del embajador de Kuwait en EEUU, Saud Nasser al Sabah, pero el daño ya estaba hecho, la intervención dejó 2.278 bajas civiles en Irak y provocó una catástrofe ecológica: El Golfo resultó contaminado por unos 8 millones de barriles de petróleo, mientras que el desierto se quedó con unos 320 lagos de petróleo que tardaron una década en “secarse”, recordó en agosto de 2013 Russia Today.

En otras palabras, Esper fue uno de los que apoyó las mentiras construidas por el gobierno estadounidense para invadir a Irak.

De militar a fundación injerencista

Luego de su paso por la guerra y tras diez años de servicio, Esper decidió abandonar las Fuerzas Armadas y comenzó a trabajar para la Heritage Foundation, recordó en julio de 2019 la agencia EFE.

La Heritage Foundation se encuentra entre los 10 “think-tanks”, tanques de pensamientos gringos, organización conservadora que “comercializa” sus “investigaciones”  sobre cuestiones políticas claves a congresistas estadounidenses, reseña la propia instancia en su web, en donde agrega que promueven “la libre empresa, los valores tradicionales de Estados Unidos y una fuerte defensa nacional”.

Esta fundación que hoy es una de las principales asesoras de Trump, es la misma que en 2014 publicó un informe en el que enfatizaba las “amenazas del socialismo del siglo XXI”, asegurando que Venezuela era cabeza de playa del terrorismo islámico en la región (repitiendo parte del libreto que suelen desplegar los militares estadounidenses para justificar su presencia en la región), recordó en mayo de 2017, en un artículo publicado en Telesur, Silvina María Romano,  investigadora del Consejo Nacional en Investigaciones Técnicas y Científicas (Conicet) en el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC).

En la empresa armamentista

Esper, quien fue llamado en 2002 por el entonces presidente George W. Bush a incorporarse como subsecretario de Negociaciones del Departamento de Defensa, trabajó años después en la Asociación de Industrias Aeroespaciales o la multinacional Raytheon, en donde fue vicepresidente, esta es una de las principales contratistas del Pentágono

Raytheon, es una de las principales industrias armamentísticas de EEUU; es la fabricante de misiles BGM-109, más conocidos como misiles “Tomahawk”, los mismos que ha usado el gobierno gringo en todas sus campañas militares en los últimos 20 años, reflejó en septiembre de 2013 Russia Today.

Tras el bombardeo que lanzó EEUU contra Siria en 2017, justificando su agresión por un presunto ataque químico en la provincia de Idlib, que nunca ocurrió, lanzó 66 Tomahawk, que tienen un costo entre 700.000 y 1,87 millones de dólares cada uno, recordó en abril de 2018 el portal español El Mundo.

El país es su “reto”

El secretario de Defensa es otro de los voceros imperiales que está obsesionado con Venezuela.

En enero de este año, durante su primera visita al Comando Sur de Estados Unidos (Southcom), en Doral,  aseguró que Venezuela representa «el mayor reto» en la región, al estar «dirigido por un régimen corrupto y un Gobierno ilegítimo», citó en esa oportunidad TeleMundo.

Ahí mostró todo su apoyo a las medidas coercitivas unilaterales que aplica su nación contra Venezuela, y destacó que son el «mejor camino para acelerar» la salida de Maduro.

El 7 de febrero, el jefe del Pentágono reafirmó en una reunión con el ministro para la Defensa colombiano, Carlos Holmes Trujillo, el compromiso de ambas naciones para “resolver la crisis en Venezuela”, al tiempo que agregó que trabajaban “con otras naciones para buscar una pacífica transición a la democracia”, reseñó en ese momento el portal Voanoticias.

Esper estuvo entre quienes se reunieron en febrero de este año con el golpista Guaidó, reveló ese mismo mes el prófugo de la justicia Carlos Vecchio.

Este lobista venezolano contó a ABC que luego del encuentro de Guaidó con Trump, el magnate “nos pidió que nos reuniéramos con el ministro de la Defensa [Mark Esper], su secretario de Seguridad Nacional, y Mauricio Claver”.

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